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  • Karen C

7 reglas para proyectar una gran primera impresión


Imagen de: ar.fotolia.com

¿La primera impresión nunca se olvida?

Aunque es falso que “la primera impresión nunca se olvida”, y podemos revalorar la imagen que tenemos de alguna persona a partir de nuevos datos o comportamientos, la verdad es sumamente valiosa la capacidad de proyectar una buena primera impresión en los negocios y en la vida personal.

Aquí te compartimos algunas reglas que el conferencista Francisco García P. Comparte para lograr una gran primera impresión.

1. Cualquier momento, cualquier lugar, cualquier persona

Si alguien te dice que no juzga a otros por su apariencia, hay dos opciones: o te está engañando a ti o se está engañando a sí mismo. Todos los seres humanos juzgamos a otros el 100% de las veces que los vemos por primera vez. Es algo completamente natural y humano.

Es instintivo y muchas veces, subconsciente, pero cada vez que conocemos una persona hacemos una breve relación de nuestra primera impresión, que se basa casi por completo en la apariencia.

No solo la imagen, sino también las primeras palabras causan un gran impacto.

Es verdad que esa primera impresión puede ser errónea, pero en la mayoría de las veces, las personas parecemos lo que somos.

La imagen nos ayuda a mostrar qué y cómo somos. Nos movemos en el mundo y nos relacionamos a través de claves sociales. Son parte de nuestra naturaleza, instinto y comportamiento. No es lo que percibimos, sino cómo tratamos a las personas, lo que nos hace generosos o miserables. Y así como percibimos a otros, también nos perciben a nosotros.

2. El mejor maquillaje

Sin duda alguna, el mejor maquillaje que siempre pueda existir será una sonrisa sincera.

La sonrisa es un gesto universal no agresivo, pacífico, amistoso y empático. Es el gesto de comunicación no verbal más reconocible y agradable, que supera todas las barreras de lenguaje, edad o cultura. Cualquier persona entiende y valora el gesto humano por excelencia.

Una sonrisa genuina y amable puede llevarte lejos; pero ten cuidado con una sonrisa acartonada, forzada y falsa; pues lo mismo que la falta de sonrisa, puede interpretarse como secrecía, ocultamiento o engaño. A nadie le gusta sentir que le engañan.

3. Contacto visual

Las personas que dicen la verdad, que transmiten confianza y respeto, miran a los ojos. Una sonrisa verdadera se acompaña de una mirada franca, abierta y directa, que transmita interés verdadero por la persona y abra la relación a la conversación.

Una mirada al piso o al techo es una señal de desinterés y frialdad reservada a los enemigos o a los desconocidos.

4. Un apretón vale mil palabras

El apretón suele ser el primer contacto físico entre dos personas, y como tal reviste un valor importante en la impresión que nos hacemos de los demás. Si el contacto resulta incómodo o de mal gusto puede matar una relación antes de que empiece.

Un buen apretón de manos debe de transmitir seguridad, tranquilidad y confianza.

5. La palabra inesperada

Este truco merece mucha atención, pues te dará resultados inmediatos. En una conversación de primer contacto, las palabras importan. Tu objetivo es hacerte notar, ser recordado y aparecer como una persona confiable.

Las primeras palabras son fundamentales. El juego consiste en no decir lo que la otra persona espera escuchar, sino algo distinto que le obligue a detenerse un segundo.

Recuerda que el objetivo es ser recordado de forma positiva.

6. El secreto del espejo

Nuestro cerebro cuenta con un set de neuronas específicas que se conocen como “neuronas espejo”. Su objetivo es absolutamente social o relacional, y nos permiten alinear nuestros estados de ánimo con el de las otras personas para entenderlas y que nos entiendan.

En otras palabras, cuando dos personas hacen lo mismo o se comportan igual, se conectan de forma más profunda y duradera. Desde apoyar al mismo equipo de fútbol, vestir igual o hacer los mismos gestos. Los cerebros se identifican como “iguales” y se alinean.

Esto significa que seas empático y puedas ponerte en el lugar del otro para abrir una conversación duradera.

7. ¡Para la oreja!

Uno de los grandes errores de las conversaciones modernas son las preguntas sin respuesta; es decir, las preguntas que se hacen para llenar un espacio muerto y de las que no esperamos una respuesta real.

¿Cómo estás? ¿Cómo te ha ido? ¿Qué onda? ¿Qué tal la familia? Todas estas preguntas carecen de valor si no se les acompaña de un espacio y de un interés genuino. En general, todas terminan en una respuesta totalmente automática “Bien, gracias”.

Reformula las preguntas de manera que permitas que la otra persona entable una conversación. Deja que sepa que son preguntas reales que esperan una respuesta real. Con un pequeño cambio en la formulación de esta bastará. En vez de decir, simplemente “¿Cómo has estado?” pregunta “¿Cómo te sientes en tu nuevo trabajo?” o “¿Qué edad tienen tus hijos ahora?”.

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